Que tiemblen Edgar Allan Poe, Julio Cortázar, Jorge Luis Borges... pues ya están aquí los "relatistas" del futuro.
Desde un rincón de Vallecas, derrochando creatividad mientras buscan su estilo, tengo a bien presentarles estas pequeñas joyas literarias. ¿Quién sabe si será el comienzo de algún gran escritor?
Mientras salimos de dudas estos jóvenes "cuentistas" continuarán sacándole punta al lápiz.
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Mientras salimos de dudas estos jóvenes "cuentistas" continuarán sacándole punta al lápiz.
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lunes, 25 de mayo de 2015
martes, 3 de marzo de 2015
INFELIZ NAVIDAD A TODOS
Papá Noel y sus duendes mágicos estaban en el taller haciendo lo mismo que todos los años: leyendo cartas, haciendo juguetes, etc... Todo era normal, pero... la duende Carol empezó a gritar, fue corriendo hasta la oficina de Papá Noel y dijo:
- ¡Papá Noel! Ha pasado lo que nadie esperaba. Su hermano le ha enviado este telegrama:
“Querido hermanito, creo que ya sería hora de que nos veamos cara a cara para resolver nuestras diferencias. Te deseo una Infeliz Navidad. Saludos. Tomilson”
Cuando Carol termino de leer la carta, Papá Noel tenía los ojos como platos y la boca abierta, entonces dijo:
-Carol, hay que avisar a los duendes.
Enseguida, Papá Noel pidió atención y apenas terminó de contar la noticia... todas las luces se apagaron de repente, los troncos de la chimenea dejaron de arder y un fuerte viento entró en el taller.
Los duendes mágicos comenzaron a gritar asustados, y buscaron un escondite lo más rápido que pudieron.
Entonces, de la oscuridad apareció un hombre alto, delgado, sin barba, vestido todo de negro ( lo contrario a Papá Noel): era TOMILSON, el hermano malvado, que dijo con voz muy grave y gritando con todas sus fuerzas:
-¡¿DÓNDE ESTÁ NOEL?!
- Aquí estoy -respondió Papá Noel, con calma.
- Pues muy bien. Ha llegado la hora que desde hace muchos, pero muchos años he estado esperando tu “famosidad”caerá, ningún niño en el mundo tendrán regalos y morirá ese horrible espíritu navideño de una vez por todas. Ya tendrás noticias mías- y sin más, desapareció en la oscuridad.
Los duendes, se quedaron sin palabras, algunos lloraban en voz baja y otros miraban con rabia el sitio donde había desaparecido el horrible Tomilson.
Entonces, Papá Noel habló, con voz calmada y suave.
- Duendes, no podemos permitir que los niños queden desprotegidos y sin regalos, y tampoco podemos permitir que Tomilson arruine para siempre la Navidad. Así que haremos una cosa: preparad todos los juguetes a escondidas y no salgáis hasta que yo os lo diga, por favor.
Los duendes mágicos, empezaron a recoger todas las cartas y se las llevaron al Escondite, un lugar que tenían preparado para ocaciones como estas, donde había de todo: comida, agua y otro taller más pequeño, para poder cumplir los encargos en caso de emergencia.
Fue entonces que Papá Noel, ayudado por Carol fue a avisar de lo sucedido a personas de toda su confianza en el mundo entero. Y en dos días reunieron a todos los niños que habían sido buenos y estaban dispuestos a ayudar y se fueron a defender el hogar de papá Noel.
Mientras esto sucedía el mundo, poco a poco se había ido convirtiendo en un lugar cada vez más frío y sin alegría: las personas mayores se gritaban unos a otros en las calle por cualquier bobada, algunos niños se peleaban sin razón y había árboles navideños caídos por todos lados con sus guirnaldas colgando apagadas en las ramas y el suelo.
Apenas llegó a su oficina, con los amigos que había reunido se encontró con que en su escritorio había un disco; así que lo cogió y lo puso en su reproductor de vídeos. Era de Tomilson y decía: “Hermano, aunque cierres tu taller con paredes de hierro, escondas a tus queridos duendes mágicos y hagas un ejército de niñitos buenos no podrás vencerme porque yo también tengo un ejercito, pero, de duendes malos. Muajaja. Pronto nos veremos. Adiós”.
Entonces, una vez más, las luces se apagaron, la chimenea dejó de arder y se escuchó una voz atronadora:
- ¡¡¡Infeliz navidad a todos!!! Buauajajajajaaa...
A todos se les heló la sangre en las venas. A lo lejos se escuchaban los gritos de las personas intentando encontrar refugio y el estruendo de los pocos árboles navideños que quedaban en pie al caer con sus adornos.
Tomilson se paseaba por el cielo en un horrible trineo negro mientras decía con su voz terrorífica:
- Este será el regalo navideño que tendréis este año... buaajajajaa...
Y se escuchaba el sonido de cosas al caer.
- ¿Qué es eso? ¿Qué les está dando?- preguntó uno de los niños asustado.
- Es carbón- dijo Papá Noel- pero, carbón real. Lo arroja sobre las personas y eso le divierte.
- ¿Por qué?- exclamaron varios niños al mismo tiempo.
- Porque Tomilson odia la magia blanca, queridos. El siempre quiso ser el que repartía los regalos, no se conformaba con ser el jefe del taller, así que se marchó lejos y me dejó con todo el trabajo solo y ahora ha regresado para vengarse. Pero, hay darse prisa, vamos a nuestros puesto. ¡Duendes, guiad a los niños!
Entonces ocurrió lo peor de todo. La oscuridad se hizo más espesa. Todos los presentes sabían lo que significaba aquello: Tomilson iba a por ellos y no estaba solo tenía a su ejército de duendes malvados, que se abalanzaron corriendo hacía los duendes mágicos, ellos no se rindieron cogieron sus aparatos mágicos y lucharon contra ellos; otra parte de los duendes malos fueron a por los niños, y estos, como era de esperar no se hacharon hacía otras, lucharon. Pero todo fue en vano, ya que eran demasiados y Tomilson y su pandilla los llevaron a las cárceles de debajo del taller.
Por culpa de Tomilson, el taller de Papá Noel se había convertido en un taller abandonado, todo estaba oscuro los juguetes de los niños de todo el mundo estaban rotos y tirados a la basura, también, los aparatos mágicos estaban en el despacho de Papá Noel que pasó a ser de Tomilson.
Mientras en la cárcel, Papá Noel y los demás estaban pensando cómo salir. El que vigilaba de que no se escapasen era un duende supermalvado, vestido con ropa negra que, para suerte de nuestros amigos buenos, le encantaba el vino de uvas dulces de Papá Noel y se había tomado dos garrafas de un solo trago, así que se había quedado dormido y súper cerca de la reja. Entonces,Papá Noel tuvo una idea.
- Carol- dijo muy bajito- mete la mano entre la reja para coger las llaves de la celda.
- Sí, pero, si se despierta y ve que no hemos fugado se arruinará el plan.
Entonces uno de los niños dijo.
- Algunos de nosotros y algunos duendes mágicos nos quedaremos aquí arrinconados en la oscuridad para que no sospechen.
A Papá Noel no le gustaba la idea de dejarlos atrás, pero algunos niños y duendes se ofrecieron voluntarios y les dijeron que confiaban en que regresarían a por ellos y además era un buen plan para ganar tiempo y salvar la Navidad.
Así que lo hicieron todo según lo acordado. Papá Noel debía recuperar su oficina. Pero antes, habría que ir al Escondite, con la esperanza de que no lo hubieran descubierto. Así que a continuación, todos fueron hacía allí, por supuesto nadie les vio. Por suerte el lugar permanecía sin ser descubierto, así que pudieron entrar sin problemas Una vez dentro, Papá Noel dijo:
- Amigos,ha llegado la hora os voy a asignar a cada uno una tarea. Niños, vigilareis que no venga nadie con estas capas invisibles no tendrán problemas; Duendes, vosotros os encargaréis de acabar de una vez por todas con esos duendes malos; hacedlo con estas pistolas de dardos tranquilisantes, así los mantendremos dormidos y los meteremos a la cárcel Por último, Carol y yo iremos a recuperar mi oficina dónde se encontraran los polvos de magia blanca que nos servirán para derrotar a Tomilson.
Justo cuando Carol y Papá Noel iban hacía la oficina vieron que Tomilson salía de ella y cerraba la puerta sigiloso y con mucho cuidado. Una vez que Papá Noel y Carol perdieron de vista a Tomilson, entraron con mucho cuidado y cerraron la puerta.
Tomilson había registrado la oficina buscando algo porque todo estaba patas arriba y hacía un frío espantoso. Papá Noel, tenía guardado los polvos mágicos en su caja fuerte que se encontraba bajo la trampilla de la mesa y como Tomilson era muy tonto no la había encontrado, al menos eso esperaban nuestros amigos. Papá Noel abrió la trampilla con la llave que se encontraba entre su barba, y como era de esperar los polvos seguían ahí. Pero, de pronto, Carol dijo.
- Viene Tomilson, ¡Corre, cierra la trampilla! Cuando esté muy cerca de ti lánzale los polvos mágicos. Échate la capa invisible por encima.
Papá Noel le hizo cazo a Carol y... cuando Tomilson estaba muy cerca de donde se encontraba Papá Noel bajo la capa, este le lanzó los polvos con magia blanca y Tomilson gritó:
-¡AHHHHH! ¡LOS POLVOS, NOOOO! ¡Maldita magia blanca! La odio, la odio....
Su grito se escucho por todo el taller con mucha fuerza.
Y entonces, en un abrir y cerrar de ojos Tomilson desapareció.
Papá Noel y Carol fueron a ver a los niños y les dijo que viniesen con ellos. Todos juntos, fueron a ver a los duendes. Una vez que llegaron, vieron que algunos duendes estaban heridos pero ya estaban siendo atendidos por lo enfermeros mágicos y lo mejor era que habían conseguido poner tras las rejas a todos los malvados. Entonces muchos de ellos le dijeron a papá Noel:
- ¡HAY QUE PONER MANOS A LA OBRA. YA ES 24 DE DICIEMBRE, CORRED!
Entonces fue Carol quien tomó el mando con rapidez.
- Niños, por favor, necesito que limpien todo esto. Mientras, los duendes y yo nos encargaremos de preparar todos los juguetes muy rápido pero, bien hechos. Y Papá Noel con su equipo especial los irá colocando en el trineo.
Así fue, como entre todos lograron que las cosas salieran a la perfección. Al acabar Papá Noel le dijo muy agradecido.

- En estos días habéis sido un magnifico ejemplo. Nunca podré agradeceros lo suficiente. Os traeré los juguetes que queráis y todos los años alguna que otra recompensa extra.
Entonces, los niños se fueron a sus casas muy contentos de haber ayudado a Papá Noel y sus duendes, con la promesa de no revelar jamás lo sucedido para que la Navidad no perdiera su magia. Allí les esperaban sus padres sin recordar nada de lo sucedido porque de que un grupo de duendes mágicos les hubiera lanzado polvos desmemorizadores.
Así fue que Papá Noel consiguió dar la vuelta al mundo esa Navidad en su famoso trineo tirado por los renos y los duendes pudieron acompañarle para repartir los regalos a todos los niños.
Y cuentan que en noches muy, muy frías y silenciosas, cerca de la Navidad, aún se puede escuchar la voz de Tomilson, que grita rabioso desde el castillo encantado: Volveré, volveré... Infeliz Navidad a todos... buajajajajaa...
- ¡Papá Noel! Ha pasado lo que nadie esperaba. Su hermano le ha enviado este telegrama:
“Querido hermanito, creo que ya sería hora de que nos veamos cara a cara para resolver nuestras diferencias. Te deseo una Infeliz Navidad. Saludos. Tomilson”
Cuando Carol termino de leer la carta, Papá Noel tenía los ojos como platos y la boca abierta, entonces dijo:
-Carol, hay que avisar a los duendes.
Enseguida, Papá Noel pidió atención y apenas terminó de contar la noticia... todas las luces se apagaron de repente, los troncos de la chimenea dejaron de arder y un fuerte viento entró en el taller.
Los duendes mágicos comenzaron a gritar asustados, y buscaron un escondite lo más rápido que pudieron.
Entonces, de la oscuridad apareció un hombre alto, delgado, sin barba, vestido todo de negro ( lo contrario a Papá Noel): era TOMILSON, el hermano malvado, que dijo con voz muy grave y gritando con todas sus fuerzas:
-¡¿DÓNDE ESTÁ NOEL?!
- Aquí estoy -respondió Papá Noel, con calma.
- Pues muy bien. Ha llegado la hora que desde hace muchos, pero muchos años he estado esperando tu “famosidad”caerá, ningún niño en el mundo tendrán regalos y morirá ese horrible espíritu navideño de una vez por todas. Ya tendrás noticias mías- y sin más, desapareció en la oscuridad.
Los duendes, se quedaron sin palabras, algunos lloraban en voz baja y otros miraban con rabia el sitio donde había desaparecido el horrible Tomilson.
Entonces, Papá Noel habló, con voz calmada y suave.
- Duendes, no podemos permitir que los niños queden desprotegidos y sin regalos, y tampoco podemos permitir que Tomilson arruine para siempre la Navidad. Así que haremos una cosa: preparad todos los juguetes a escondidas y no salgáis hasta que yo os lo diga, por favor.
Los duendes mágicos, empezaron a recoger todas las cartas y se las llevaron al Escondite, un lugar que tenían preparado para ocaciones como estas, donde había de todo: comida, agua y otro taller más pequeño, para poder cumplir los encargos en caso de emergencia.
Fue entonces que Papá Noel, ayudado por Carol fue a avisar de lo sucedido a personas de toda su confianza en el mundo entero. Y en dos días reunieron a todos los niños que habían sido buenos y estaban dispuestos a ayudar y se fueron a defender el hogar de papá Noel.
Mientras esto sucedía el mundo, poco a poco se había ido convirtiendo en un lugar cada vez más frío y sin alegría: las personas mayores se gritaban unos a otros en las calle por cualquier bobada, algunos niños se peleaban sin razón y había árboles navideños caídos por todos lados con sus guirnaldas colgando apagadas en las ramas y el suelo.
Apenas llegó a su oficina, con los amigos que había reunido se encontró con que en su escritorio había un disco; así que lo cogió y lo puso en su reproductor de vídeos. Era de Tomilson y decía: “Hermano, aunque cierres tu taller con paredes de hierro, escondas a tus queridos duendes mágicos y hagas un ejército de niñitos buenos no podrás vencerme porque yo también tengo un ejercito, pero, de duendes malos. Muajaja. Pronto nos veremos. Adiós”.
Entonces, una vez más, las luces se apagaron, la chimenea dejó de arder y se escuchó una voz atronadora:
- ¡¡¡Infeliz navidad a todos!!! Buauajajajajaaa...
A todos se les heló la sangre en las venas. A lo lejos se escuchaban los gritos de las personas intentando encontrar refugio y el estruendo de los pocos árboles navideños que quedaban en pie al caer con sus adornos.
Tomilson se paseaba por el cielo en un horrible trineo negro mientras decía con su voz terrorífica:
- Este será el regalo navideño que tendréis este año... buaajajajaa...
Y se escuchaba el sonido de cosas al caer.
- ¿Qué es eso? ¿Qué les está dando?- preguntó uno de los niños asustado.
- Es carbón- dijo Papá Noel- pero, carbón real. Lo arroja sobre las personas y eso le divierte.
- ¿Por qué?- exclamaron varios niños al mismo tiempo.
- Porque Tomilson odia la magia blanca, queridos. El siempre quiso ser el que repartía los regalos, no se conformaba con ser el jefe del taller, así que se marchó lejos y me dejó con todo el trabajo solo y ahora ha regresado para vengarse. Pero, hay darse prisa, vamos a nuestros puesto. ¡Duendes, guiad a los niños!
Entonces ocurrió lo peor de todo. La oscuridad se hizo más espesa. Todos los presentes sabían lo que significaba aquello: Tomilson iba a por ellos y no estaba solo tenía a su ejército de duendes malvados, que se abalanzaron corriendo hacía los duendes mágicos, ellos no se rindieron cogieron sus aparatos mágicos y lucharon contra ellos; otra parte de los duendes malos fueron a por los niños, y estos, como era de esperar no se hacharon hacía otras, lucharon. Pero todo fue en vano, ya que eran demasiados y Tomilson y su pandilla los llevaron a las cárceles de debajo del taller.
Por culpa de Tomilson, el taller de Papá Noel se había convertido en un taller abandonado, todo estaba oscuro los juguetes de los niños de todo el mundo estaban rotos y tirados a la basura, también, los aparatos mágicos estaban en el despacho de Papá Noel que pasó a ser de Tomilson.
Mientras en la cárcel, Papá Noel y los demás estaban pensando cómo salir. El que vigilaba de que no se escapasen era un duende supermalvado, vestido con ropa negra que, para suerte de nuestros amigos buenos, le encantaba el vino de uvas dulces de Papá Noel y se había tomado dos garrafas de un solo trago, así que se había quedado dormido y súper cerca de la reja. Entonces,Papá Noel tuvo una idea.
- Carol- dijo muy bajito- mete la mano entre la reja para coger las llaves de la celda.
- Sí, pero, si se despierta y ve que no hemos fugado se arruinará el plan.
Entonces uno de los niños dijo.
- Algunos de nosotros y algunos duendes mágicos nos quedaremos aquí arrinconados en la oscuridad para que no sospechen.
A Papá Noel no le gustaba la idea de dejarlos atrás, pero algunos niños y duendes se ofrecieron voluntarios y les dijeron que confiaban en que regresarían a por ellos y además era un buen plan para ganar tiempo y salvar la Navidad.
Así que lo hicieron todo según lo acordado. Papá Noel debía recuperar su oficina. Pero antes, habría que ir al Escondite, con la esperanza de que no lo hubieran descubierto. Así que a continuación, todos fueron hacía allí, por supuesto nadie les vio. Por suerte el lugar permanecía sin ser descubierto, así que pudieron entrar sin problemas Una vez dentro, Papá Noel dijo:
- Amigos,ha llegado la hora os voy a asignar a cada uno una tarea. Niños, vigilareis que no venga nadie con estas capas invisibles no tendrán problemas; Duendes, vosotros os encargaréis de acabar de una vez por todas con esos duendes malos; hacedlo con estas pistolas de dardos tranquilisantes, así los mantendremos dormidos y los meteremos a la cárcel Por último, Carol y yo iremos a recuperar mi oficina dónde se encontraran los polvos de magia blanca que nos servirán para derrotar a Tomilson.
Justo cuando Carol y Papá Noel iban hacía la oficina vieron que Tomilson salía de ella y cerraba la puerta sigiloso y con mucho cuidado. Una vez que Papá Noel y Carol perdieron de vista a Tomilson, entraron con mucho cuidado y cerraron la puerta.
Tomilson había registrado la oficina buscando algo porque todo estaba patas arriba y hacía un frío espantoso. Papá Noel, tenía guardado los polvos mágicos en su caja fuerte que se encontraba bajo la trampilla de la mesa y como Tomilson era muy tonto no la había encontrado, al menos eso esperaban nuestros amigos. Papá Noel abrió la trampilla con la llave que se encontraba entre su barba, y como era de esperar los polvos seguían ahí. Pero, de pronto, Carol dijo.
- Viene Tomilson, ¡Corre, cierra la trampilla! Cuando esté muy cerca de ti lánzale los polvos mágicos. Échate la capa invisible por encima.
Papá Noel le hizo cazo a Carol y... cuando Tomilson estaba muy cerca de donde se encontraba Papá Noel bajo la capa, este le lanzó los polvos con magia blanca y Tomilson gritó:
-¡AHHHHH! ¡LOS POLVOS, NOOOO! ¡Maldita magia blanca! La odio, la odio....
Su grito se escucho por todo el taller con mucha fuerza.
Y entonces, en un abrir y cerrar de ojos Tomilson desapareció.
Papá Noel y Carol fueron a ver a los niños y les dijo que viniesen con ellos. Todos juntos, fueron a ver a los duendes. Una vez que llegaron, vieron que algunos duendes estaban heridos pero ya estaban siendo atendidos por lo enfermeros mágicos y lo mejor era que habían conseguido poner tras las rejas a todos los malvados. Entonces muchos de ellos le dijeron a papá Noel:
- ¡HAY QUE PONER MANOS A LA OBRA. YA ES 24 DE DICIEMBRE, CORRED!
Entonces fue Carol quien tomó el mando con rapidez.
- Niños, por favor, necesito que limpien todo esto. Mientras, los duendes y yo nos encargaremos de preparar todos los juguetes muy rápido pero, bien hechos. Y Papá Noel con su equipo especial los irá colocando en el trineo.
Así fue, como entre todos lograron que las cosas salieran a la perfección. Al acabar Papá Noel le dijo muy agradecido.

- En estos días habéis sido un magnifico ejemplo. Nunca podré agradeceros lo suficiente. Os traeré los juguetes que queráis y todos los años alguna que otra recompensa extra.
Entonces, los niños se fueron a sus casas muy contentos de haber ayudado a Papá Noel y sus duendes, con la promesa de no revelar jamás lo sucedido para que la Navidad no perdiera su magia. Allí les esperaban sus padres sin recordar nada de lo sucedido porque de que un grupo de duendes mágicos les hubiera lanzado polvos desmemorizadores.
Así fue que Papá Noel consiguió dar la vuelta al mundo esa Navidad en su famoso trineo tirado por los renos y los duendes pudieron acompañarle para repartir los regalos a todos los niños.
Y cuentan que en noches muy, muy frías y silenciosas, cerca de la Navidad, aún se puede escuchar la voz de Tomilson, que grita rabioso desde el castillo encantado: Volveré, volveré... Infeliz Navidad a todos... buajajajajaa...
miércoles, 11 de febrero de 2015
martes, 20 de enero de 2015
LA CIGÜEÑA PARISINA
Las cigüeñas parisinas, como su nombre lo dice bien claro, son unos pájaros que viven en París, la ciudad del amor.
Esta especie de cigüeña, es de color azul claro, con hermosos tonos más brillantes en las plumas de la cola y de las alas, que son fuertes y poderosas para poder volar muy, muy alto y esquivando las turbulencias y cargando el peso de los bebes que reparten por todo el mundo. Sus alas son también muy elegantes, como todo lo que viene de Paris.
Las cigüeñas parisinas son tremendamente amables y educadas, pero si las enfadadas te pueden dar un picotazo con su enorme pico de color naranja y si intentas quitarle uno de los bebes que llevan… Ya ni te cuento… Se enfadan tanto que más que cigüeñas parecen dragones. Se echan el bebé a cuestas, para protegerlo mejor y desocupar el pico. Así atacan al malhechor que siempre sale corriendo. Hasta la fecha no se tiene conocimiento de que una cigüeña parisina haya perdido su carga.
Además de las cigüeñas normales que llevan los bebés a sus futuros padres, se cuenta que existe el comando de élite, que se encarga de encontrar a los bebés que se les pierden a los padres despistados y de evitar que los bandidos entren en la fábrica de hacer niños para robar algunos para venderlos.
Estas singulares cigüeñas, entrenan desde que son pichones y se dice que desde que están en el huevo ya se conoce cuales serán las elegidas porque sus huevos no son blancos, sino dorados y muy brillantes. Así que si una cigüeña normal se pone como un dragón para defender a los bebés, no me quiero ni imaginar lo que le pase al que se le cruce en el camino del comando de élite.
También es importante que sepáis que si alguna pareja está interesada en tener un bebé para cuidarlo y quererlo durante toda su vida, solamente tienen que telefonear a la oficina de pedidos de París o enviarles un email a la dirección bebesparatodo@cigüenas.com. Entonces, ellas se encargan de concretar el pedido con la fábrica de fabricar bebés, ponerlos en una mantita calentita y enviarlos al destino acordado, eso sí siempre que los padres sean gente buena y de fiar.
Así que ya sabes, si alguna vez te has preguntado de donde viene los bebés.... los trae una hermosa cigüeña azul que viene de París.
Esta especie de cigüeña, es de color azul claro, con hermosos tonos más brillantes en las plumas de la cola y de las alas, que son fuertes y poderosas para poder volar muy, muy alto y esquivando las turbulencias y cargando el peso de los bebes que reparten por todo el mundo. Sus alas son también muy elegantes, como todo lo que viene de Paris.
Las cigüeñas parisinas son tremendamente amables y educadas, pero si las enfadadas te pueden dar un picotazo con su enorme pico de color naranja y si intentas quitarle uno de los bebes que llevan… Ya ni te cuento… Se enfadan tanto que más que cigüeñas parecen dragones. Se echan el bebé a cuestas, para protegerlo mejor y desocupar el pico. Así atacan al malhechor que siempre sale corriendo. Hasta la fecha no se tiene conocimiento de que una cigüeña parisina haya perdido su carga.
Además de las cigüeñas normales que llevan los bebés a sus futuros padres, se cuenta que existe el comando de élite, que se encarga de encontrar a los bebés que se les pierden a los padres despistados y de evitar que los bandidos entren en la fábrica de hacer niños para robar algunos para venderlos.
Estas singulares cigüeñas, entrenan desde que son pichones y se dice que desde que están en el huevo ya se conoce cuales serán las elegidas porque sus huevos no son blancos, sino dorados y muy brillantes. Así que si una cigüeña normal se pone como un dragón para defender a los bebés, no me quiero ni imaginar lo que le pase al que se le cruce en el camino del comando de élite.
También es importante que sepáis que si alguna pareja está interesada en tener un bebé para cuidarlo y quererlo durante toda su vida, solamente tienen que telefonear a la oficina de pedidos de París o enviarles un email a la dirección bebesparatodo@cigüenas.com. Entonces, ellas se encargan de concretar el pedido con la fábrica de fabricar bebés, ponerlos en una mantita calentita y enviarlos al destino acordado, eso sí siempre que los padres sean gente buena y de fiar.
Así que ya sabes, si alguna vez te has preguntado de donde viene los bebés.... los trae una hermosa cigüeña azul que viene de París.
viernes, 23 de mayo de 2014
PINOCHO ESTÁ EN LA GALAXIA (3º CLASIFICADO DEL CONCURSO DE QUINTO)
En una galaxia muy, muy, muy lejana, vivía el fantástico carpintero galáctico Gepeto; mi padre. Como tenía tantísimo trabajo de todos los rincones de la galaxia, no había tenido tiempo de casarse y se sentía muy solo, por eso decidió crearme a mí.Como necesitaba ir al colegio, mi galáctico padre Gepeto, vendió su abrigo de 100 euros para poderme comprar los libros. Tras ello, camino de la escuela, me encontré con el planeta de los teatros y no me lo pensé dos veces; entré. Como la música era muy divertida me puse a bailar con los muñecos que estaban sobre el escenario pero, de pronto, me dí cuenta que esos muñecos no tenían vida. Eso sí, recuerdo que el hada azul me dio vida y desde entonces no era como ellos; me movía sin hilos. El dueño del local me dio unas monedas para agradecerme que
bailase tan bien, ¡Y SIN HILOS! Cuando ya me iba, se acercaron Blancanieves, Cenicienta, la Lechera, Juan Sin Miedo y el Sastrecillo Valiente y me preguntaron:
- ¿Cómo bailas sin hilos?
- Porque el hada azul me ha dado vida.- les respondí.
Todos me miraron y me dijeron a la vez - ¡El hada azul te ha concedido un deseo!, pero si solo concede deseos a personas buenas.
- Mi padre es el carpintero galáctico más bueno de todo el universo.- les respondí.
- ¡AH AH! ¿Tu padre es Gepeto? Es el más bueno del mundo!- me respondieron a coro.
Me fui del planeta de los teatros muy contento porque había descubierto que todo el mundo conocía a mi padre.
Otro día, mientras iba al colegio… ¡ME ENCONTRÉ CON ZORRO TRAMPOSO Y GATO MENTIROSO!
- Conocemos un sitio donde plantan monedas y crecen como árboles- me dijeron los muy pillos.
En esos momentos me sentía muy emocionado y les dije que me llevasen hasta ahí y así fue.
Cuando llegamos, no estábamos en ningún planeta; ¡ESTABAMOS EN EL SOL! Hacía mucho calor, no podía más, y… de pronto, me tiraron al suelo para que me quemase, me robaron mis monedas. Estaba muy triste, no pude aguantar las lágrimas, Y empecé a llorar. Sin esperármelo el Hada Azul apareció y me dijo:
- ¿Dónde has perdido las monedas?
- Las he perdido en el planeta de pelotas.
Me empezó a crecer la nariz. El Hada Azul dijo:
- Si dices mentiras, te crecerá la nariz, por esta vez te perdonaré y te sacaré del Sol.
Y en un abrir y cerrar de ojos me encontraba en la plaza (que es el centro de la galaxia).
Iba por el centro de la plaza, cuando me topé con unos niños que me dijeron:
- Pinocho, Pinochin, vente con nosotros al planeta de la diversión. Me dijeron cantando. Me convencieron y me fui con ellos.
Mi padre Gepeto fue a buscarme, porque como no llegaba a casa, se empezó a preocupar. Y… en un abrir y cerrar de ojos, Gepeto está dentro de un videojuego.
Desde lejos vi a mi padre y fui corriendo para salvarle. Cuando llegué no se me ocurría como entrar en el videojuego; avancé cinco pasos y de repente entré en el videojuego, donde me encontré con mi padre y fui a darle un beso y un abrazo.
- Pinocho, ¿cómo vamos a salir del videojuego?
- No lo sé, creo que tenemos que ganar el videojuego-Respondí.
- Hijo tengo un plan, sígueme.
Gepeto y yo comenzamos a jugar en el videojuego: aparecieron los monstruos del la partida. Nos encontramos con unas espadas que estaban en el suelo, las cogimos y empezamos a matar a los monstruos. Nos encontrábamos en el último nivel y lo único que teníamos que hacer era contestar a una pregunta que decía así:
- ¿Cuánto es 34x89?
- Pinocho tú te los sabes; has ido al colegio.
- Es que, yo no he ido al colegio, he ido a todos los lugares menos allí.
- Pinocho para algo te compré los libros; ahora nos quedaremos aquí para siempre.
- Papá tú puedes contestarla, tú has ido al colegio, ¿verdad?
- Bueno, la verdad es que yo también me escapaba del colegio como tú.
- Papá, ¿ahora cómo saldremos de aquí?
De pronto, apareció Cenicienta y dijo:
- Pinocho yo te ayudaré, pero me tienes que prometer que te portarás mejor de aquí en adelante.
- Vale, pero dime la respuesta.
- La respuesta es 2226.
- Muchas gracias Cenicienta.
Cenicienta desapareció y Gepeto y yo respondimos a la respuesta y salimos del juego. Fuera descubrimos que los niños habían descubierto el videojuego y empezaron a jugar como locos. Al día siguiente, los padres de todos los niños vinieron junto a nosotros muy enfadados:
- ¿Dónde están nuestros hijos?- Dijeron llorando.
- Pues…. Vuestros hijos, están en un videojuego.
- Los profesores han llamado y han dicho que nuestros hijos no han ido al colegio.
- Tranquilos, vuestros hijos no podrán responder a la última pregunta.
- ¿Y por qué no?
- Porque es de matemáticas y si no han estudiado será imposible que la resuelvan.
- Vale, ¿cuándo crees que saldrán nuestros hijos?
- La última vez que fui, tenían tres vidas.- Vale, pues no vendrán muy tarde entonces.
Todos se fueron satisfechos. Al día siguiente los hijos habían vuelto a sus casas porque no se sabían la respuesta y se les habían agotado las vidas.
Desde entonces, los demás niños y yo, prometimos ir al colegio y fue así como nos convertimos en los mejores alumnos, hijos y amigos del universo.
miércoles, 5 de marzo de 2014
jueves, 9 de enero de 2014
UNA EXCUSA PARA NO HACER LOS DEBERES
Estimado profesor Miguel:Mi hija no ha podido hacer los deberes porque su tío vino de Inglaterra y se fueron a Nueva York. Después se fueron a la casa de su tío, donde le sentó mal la comida y acudieron al hospital perdiendo las16 horas siguientes. Al final, cuando todo parecía volver a su cauce, su abuela se fue al parque y se cayó y tuvieron que volver a urgencias.
Disculpe las molestias.
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