Que tiemblen Edgar Allan Poe, Julio Cortázar, Jorge Luis Borges... pues ya están aquí los "relatistas" del futuro.

Desde un rincón de Vallecas, derrochando creatividad mientras buscan su estilo, tengo a bien presentarles estas pequeñas joyas literarias. ¿Quién sabe si será el comienzo de algún gran escritor?

Mientras salimos de dudas estos jóvenes "cuentistas" continuarán sacándole punta al lápiz.
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lunes, 3 de febrero de 2014

EL DÍA QUE ME QUEDÉ SIN PELO

Me llamo Filomena y tengo 14 años. Esto pasó en mi casa. En mi habitación, me desperté con horror, no entendía nada y estaban desesperada y sobretodo muy triste.

Lo mejor sería acudir a alguien -¿pero a quien?-claro, a un asesor de belleza para que me recomiende un producto adecuado para recuperar mi cabello, eso sería genial. Al final para que nadie se diera cuenta de que estoy sin pelo, me puse una peluca. Me fui en taxi y me llevó hasta una peluquería.

Pregunté a un señor -disculpe, ¿puede recomendarme un producto para recuperar mi cabello? No sé que ha pasado pero esta mañana lo encontré todo sobre mi almohada y me asusté mucho.

-¡Claro, tal vez pueda ayudarla!-contestó el peluquero. Y le recomendó un producto que dijo que le ayudaría mucho.

Entonces se lo echó, y en un solo día recuperó su cabello.

-¡Qué bien, por fin he recuperado mi cabello!-pero lo que le extrañaba era cómo perdió su pelo.

-¡Claro!- ayer hubo una fiesta y me echaron un producto en la cabeza por equivocación.
Al final, se sintió muy contenta de haber recuperado su cabello.

jueves, 16 de mayo de 2013

EL HOMBRE PATOSO (COMEDIA)

Esta es la historia de un hombre que por mucho cuidado que tuviera siempre acababa tropezando, cuando no por los suelos, con todos los objetos, personas y animales que se encontraba en su camino.

Para que ustedes comprendan, les voy a poner un ejemplo.

La vida de este hombre era un auténtico desastre por su torpeza. Tropezaba hasta en sueños. Un día normal, antes de salir de casa ya se había llevado por delante alguna silla, le pisaba la cola al gato que salía despavorido a esconderse debajo del sofá. Abría la puerta y lo primero que hacía era tropezarse con les tres escalones que había, hasta caerse de bruces en su jardín. Solía bajar andando, hasta su puesto de trabajo, pues si cogía su coche o su bici solía acabar en algún accidente que le acababa llevando al hospital.

Sus días eran cada vez peores. Él no entendía por qué era tan patoso.

Llegó un día en que estaba por la mañana durmiendo, tuvo una pesadilla, se movía mucho hasta que finalmente se dio un golpe en la cabeza, pero no pasó nada grave. Se quedó en el suelo y tuvo un profundo sueño. Él soñaba que ya no era patoso, sus amigos no se reían de él, su gato ya no le acababa arañando y pensó que había ocurrido un milagro, que era de verdad, pero no fue así.

Al final, despertó del sueño y se levantó triste. Se encontró en la sala todo destrozado. Había sido su gato, además llegaba tarde al trabajo y ni siquiera le dio tiempo a desayunar.