Que tiemblen Edgar Allan Poe, Julio Cortázar, Jorge Luis Borges... pues ya están aquí los "relatistas" del futuro.

Desde un rincón de Vallecas, derrochando creatividad mientras buscan su estilo, tengo a bien presentarles estas pequeñas joyas literarias. ¿Quién sabe si será el comienzo de algún gran escritor?

Mientras salimos de dudas estos jóvenes "cuentistas" continuarán sacándole punta al lápiz.

jueves, 21 de mayo de 2015

LA PROFECÍA AUTOCUMPLIDA

Imagínese usted un pueblo muy pequeño donde hay una señora vieja que tiene dos hijos, uno de 17 y una hija de 14.

Está sirviéndoles el desayuno y tiene una expresión de preocupación.

Los hijos le preguntan qué le pasa y ella les responde:

"No sé pero he amanecido con el presentimiento que algo muy grave va a sucederle a este pueblo".

El hijo se va a jugar al billar, y en el momento en que va a tirar una carambola sencillísima, el otro jugador le dice:

"Te apuesto un peso a que no la haces".

Todos se ríen. El se ríe. Tira la carambola y no la hace.

Paga su peso y todos le preguntan qué pasó, si era una carambola sencilla.

Y él contesta: "es cierto pero me ha quedado la preocupación de una cosa que me dijo mi madre esta mañana sobre algo grave que va a suceder a este pueblo".

Todos se ríen de él y el que se ha ganado su peso regresa a su casa, donde está con su mama, o una nieta o en fin, cualquier pariente, feliz con su peso dice y comenta:

-Le gané este peso a Dámaso en la forma más sencilla porque es un tonto.

-¿Y porqué es un tonto?

-Porque no pudo hacer una carambola sencillísima estorbado con la idea de que su mamá amaneció hoy con la idea de que algo muy grave va a suceder en este pueblo.

Y su madre le dice:

- No te burles de los presentimientos de los viejos porque a veces salen.

Una pariente oye esto y va a comprar carne.

Ella le dice al carnicero:

"Deme un kilo de carne" y en el momento que la está cortando, le dice: Mejor córteme dos, porque andan diciendo que algo grave va a pasar y lo mejor es estar preparado".

El carnicero despacha su carne y cuando llega otra señora a comprar un kilo de carne, le dice:

"mejor lleve dos porque hasta aquí llega la gente diciendo que algo muy grave va a pasar y se están preparando y comprando cosas".

Entonces la vieja responde: "Tengo varios hijos, mejor deme cuatro kilos..."

Se lleva los cuatro kilos y para no hacer largo el cuento, diré que el carnicero en media hora agota la carne, mata a otra vaca, se vende toda y se va esparciendo el rumor.

Llega el momento en que todo el mundo en el pueblo, está esperando que pase algo.

Se paralizan las actividades y de pronto a las dos de la tarde.

Alguien dice:

-¿Se ha dado cuenta del calor que está haciendo?

-¡Pero si en este pueblo siempre ha hecho calor!

Tanto calor que es pueblo donde los músicos tenían instrumentos remendados con brea y tocaban siempre a la sombra porque si tocaban al sol se les caían a pedazos.

-Sin embargo -dice uno-, a esta hora nunca ha hecho tanto calor.

-Pero a las dos de la tarde es cuando hace más calor.

-Sí, pero no tanto calor como ahora.

Al pueblo desierto, a la plaza desierta, baja de pronto un pajarito y se corre la voz:
"Hay un pajarito en la plaza".

Y viene todo el mundo espantado a ver el pajarito.

-Pero señores, siempre ha habido pajaritos que bajan.

-Sí, pero nunca a esta hora.

Llega un momento de tal tensión para los habitantes del pueblo, que todos están desesperados por irse y no tienen el valor de hacerlo.

-Yo sí soy muy macho -grita uno-. Yo me voy.

Agarra sus muebles, sus hijos, sus animales, los mete en una carreta y atraviesa la calle central donde todo el pueblo lo ve.

Hasta que todos dicen: "Si este se atreve, pues nosotros también nos vamos".
Y empiezan a desmantelar literalmente el pueblo.

Se llevan las cosas, los animales, todo.

Y uno de los últimos que abandona el pueblo, dice: "Que no venga la desgracia a caer sobre lo que queda de nuestra casa", y entonces la incendia y otros incendian también sus casas.

Huyen en un tremendo y verdadero pánico, como en un éxodo de guerra, y en medio de ellos va la señora que tuvo el presagio, le dice a su hijo que está a su lado:

"¿Vistes mi hijo, que algo muy grave iba a suceder en este pueblo?"

martes, 19 de mayo de 2015

EL ASESINATO DE LA ABUELA EN NAVIDAD

Todos sabemos que Navidad es una época bonita y feliz.

Bueno, pues para mí no; os voy a explicar el porqué.

Era una bonita cena de Nochebuena: comíamos pan, pastelitos, pavo, sopa y muchas chuches.

Cuando acabamos de cenar los abuelos se quedaron a dormir en nuestra casa, en el sofá cama. El caso es que nos dormimos todos.

Cuando me levanté de la cama con mi hermano oímos un fuerte grito y bajamos al salón. Cuando llegamos al salón vimos a nuestra abuela muerta en el sofá.

Nos asustamos muchísimo, al ver lo sucedido a la pobre abuelita Tamara.

Seguimos todas las pistas para averiguar que narices le había pasado a nuestra abuela pues estábamos seguros de que conseguiríamos averiguarlo.

Examinamos el cuerpo de la yaya y encontramos que en la boca tenía una especie de líquido pistacho y pensamos que sería veneno.

Solo habíamos comido seis cosas: pan, pastelitos, pavo, sopa y chucherías.

Empezamos por el pan. Fuimos a la panadería a interrogar al panadero. Le preguntamos que si había metido o sabía quién había metido veneno en el pan con forma circular. Nos respondió ”NO yo nunca haría algo así “.

- ¿Y ahora que hacemos?

- Tenemos que encontrar la cura- dijo mi hermano.

- Seguiremos interrogando- le respondí yo.

Seguimos con los pastelitos. Fuimos a la pastelería a averiguar si eran estos los que la habían envenenado. Pero no fue así.

- Y ahora que hacemos- preguntó mi hermano.

- Interrogar- le respondí.

Más tarde el pavo. Fuimos a la carnicería a preguntar lo de siempre y como siempre nos dijeron que no.

Ya estábamos desesperados pero estábamos dispuestos a encontrar al culpable de una maldita vez por todas.

Como la sopa la habíamos hecho en casa. Nos la saltábamos porque dábamos por hecho que nadie la había envenenado.

Pasamos a las chuches. Fuimos a la tienda de chucherías y allí nos dijeron que ellos no lo habían hecho allí, que las habían hecho los gnomos de papa Noel.

No había tiempo que perder. Cogimos el primer avión al Polo Norte y al Polo Sur porque no estábamos seguros de donde estaban los gnomos de Papá Noel. Finalmente era el Polo Norte.

Cuando aterrizó el avión cogimos un taxi que tenía una moto de nieve para que se sentasen tres personas. Lo justo para que nos sentáramos todos. La moto iba a tanta velocidad que casi nos caímos de los asientos de terciopelo.

Era muy bonito todo: la nieve, las montañas, los animales…

Cuando llegamos al campamento de Papa Noel vimos a los renos, gnomos y al mismísimo Papá Noel.

¡ERA INCREIBLEEEEEEEEEEEE!

Entramos en el taller de los gnomos donde se hacían los regalos. Empezamos a interrogar a todos los gnomos uno por uno y de manera muy pormenorizado.

Por fin encontramos a nuestro duende. Le presionamos mucho para que lo dijese y al final cantó como un loro. Contó hasta el antídoto explicándonos de que estaba hecha y como comprarla.

Entonces empezó a hablar: Una botella de leche, 20 gramos de azúcar, un cucharón de zumo y una chuche.

Fuimos a la tienda comprarlo pero no había nada. Así que decidimos ir a casa a hacerlo allí. Cuando llegamos a casa cogimos todo lo necesario para hacer el antídoto.

Cuando llegamos al salón le dimos la medicina a la abuela y por fin pudimos curarla de una vez por todas. Pronto empezó a reaccionar moviéndose un poco, diciendo letras al boleo y encadenando palabras cortas como si estuviese dormida y la acabásemos de levantar de una siesta muy larga.

¡Y DE REPENTE SALIO EL GNOMO CON PAPÁ NOEL POR LA VENTANA!

El duende dijo “esa cura no sirve de nada si no la da Papá Noel y antes de que acabe hoy”.

Papá Noel dijo”es verdad” y se puso rápidamente a darle la medicina antes de que empezase a salir el sol por las moñitas de nuestro pueblo. Papá Noel se abalanzó sobre la abuela, le metió la cucharada con el antídoto dentro de la boca.

Se hizo de día y la gente se empezó a levantar de la cama. Mamá, papa el abuelo y finalmente la abuela. Todos éramos muy felices.

Yo me había quedado un poco tocado con el duende y le hice dos preguntas así que acerqué a él y le dije que por qué querían matar a la abuela y por qué arruinarle la Navidad a la gente.

Me respondió que porque a su abuela la había atropellado un coche mientras cruzaba la calle de su mano. Lo de Navidad porque él de pequeño era muy pobre y su abuela era la única que le podía traer regalos con su sueldo de camarera en un restaurante que se llamaba el Cocinillas, donde su especialidad del día era la merluza a la plancha y la de la semana el Cocido Cocinillas llamado así porque solo se servía en ese restaurante. Al final una cuestión de dudas.

Yo lo comprendí perfectamente y me fui con mi familia ya con las dudas resueltas.