Que tiemblen Edgar Allan Poe, Julio Cortázar, Jorge Luis Borges... pues ya están aquí los "relatistas" del futuro.

Desde un rincón de Vallecas, derrochando creatividad mientras buscan su estilo, tengo a bien presentarles estas pequeñas joyas literarias. ¿Quién sabe si será el comienzo de algún gran escritor?

Mientras salimos de dudas estos jóvenes "cuentistas" continuarán sacándole punta al lápiz.

jueves, 20 de noviembre de 2014

EL DUENDE AVARICIOSO


             Hace mucho tiempo yo vivía en un bosque donde me sentía muy feliz por que estaba cerca de un castillo y todos los días entraba en él. Un día, escuché al rey que se decidió a viajar por sus dominios, que incluían un pequeño pueblo donde vivía un  molinero que para ganar fama había mentido sobre su hija; además de bella decía que podía hacer hilos de oro con  tan sólo paja y una rueca.

            El rey encantado con la hija del molinero la llevó sin ella pensárselo,  y ya en el castillo la chica le dijo al rey que se llamaba Rapunser; el rey ordenó que la llevaran a una torre llena de paja con una rueca y ella que no sabía hilar se puso a llorar, porque tenía que tejer hilos de oro con la paja.

             De repente abrí la puerta y aparecí en la torre.  Le pregunté “¿qué te pasa hermosa niña?”  Y la chica me dijo “es que tengo que hilar toda esta paja para hacerla hilos de oro y no sé hilar”. Yo le propuse “¿Qué me darás si la hilo yo?” Y la chica me respondió “te daré mi collar” pero ella no sabía, que yo era un duende ladrón  y  comencé a hilar haciendo zig zag, zig-zag.

Cuando el rey fue a verla, exclamó  “! es cierto, pero lo harás una vez más para demostrar la verdad” y la llevó a una torre más grande llena de paja.
     
La muchacha no dejaba de llorar y llorar, yo la oí y le pregunté “¿que te pasa ahora?”  Ella me contó que tenía que hilar toda esa paja para convertirla en hilos de oro y yo le propuse “¿Qué me darás si la hilo yo?” Ella me respondió que no tenía nada que darme y pensamos y pensamos hasta que a mí se me ocurrió decirle que me diera su primer hijo por que yo no tenía hijos y quería uno pues me sentía muy sólo. Ella pensando que no iba a tener hijos dijo que sí y yo muy emocionado comencé a hacer zig-zag, zig-zag,  y  a la mañana siguiente, el rey fue a verla y le dijo “te casarás conmigo”, porque toda la paja era hilos de oro, y se vio aún más rico.

             El rey llamó a todo el pueblo para celebrar la boda. Al cabo de unos años tuvieron un hermoso hijo y le llamaron Julián y la misma noche que nació el niño aparecí yo reclamando mi recompensa, pero la reina no recordaba nuestro pacto. Cuando pasaron unos minutos me dijo llorando “no, no te lo lleves”.Su llanto me conmovió y le di una oportunidad “tienes tres días para adivinar mi nombre”.

Pasó la noche y por la mañana a aparecí yo debajo de la cama y le pregunte “¿Ya sabes mi nombre?” Ella me dijo que no y yo le dije “mañana vendré y a tu hijo me llevaré” y la reina pensado y pensando hasta que llegó la noche y el rey le dijo que se fuera a la cama.

              Al día siguiente aparecí encima de la reina y le dije “¿Ya sabes mi nombre? Ella me dijo que no y yo repetí, “mañana vendré y a tu hijo me llevaré” y ella muy preocupada llamó a los mejores exploradores y les dijo, “id a averiguar  el nombre de ese enano” y todos se fueron y volvieron, excepto uno al que el leñador de caperucita le dijo que había escuchado a  un enano que cantaba “hoy tomo vino, mañana cerveza y al niño sin falta traerán, no se rompan la cabeza, por que el nombre de Esmel nunca adivinarán”. Ese explorador fue corriendo al castillo y le dijo “ese enano se llama Esmel”.

          Al tercer día fui y le pregunté a la reina “¿Ya sabes mi nombre? Ella me respondió  que sí y yo le pedí que me lo dijera y a mí y a todos mis amigos duendes que me habían acompañado porque yo no podía solo con el niño. Ella dijo “te llamas Esmel” y yo me enfadé tanto que mis amigos me sacaron del palacio y exploté en mil piezas. 
Raspután,  rasputín  este cuento ha llegado a su fin.                      

miércoles, 19 de noviembre de 2014

DIBUJABA VENTANAS


Dibujaba ventanas en todas partes.
En los muros demasiado altos,
en los muros demasiado bajos,
en las paredes obtusas, en los rincones,
en el aire y hasta en los techos.

Dibujaba ventanas como si dibujara pájaros.
En el piso, en las noches,
en las miradas palpablemente sordas,
en los alrededores de la muerte,
en las tumbas, los árboles.

Dibujaba ventanas hasta en las puertas.
Pero nunca dibujó una puerta.
No quería entrar ni salir.
Sabía que no se puede.
Solamente quería ver: ver.

Dibujaba ventanas.
En todas partes.


Escrito por Roberto Juarroz